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Author Topic: Psicología Operativa. ¿Algo más que un concepto?  (Read 404 times)
Cecilio Andrade
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« on: February 02, 2017, 12:48:57 PM »

Psicología Operativa. ¿Algo más que un concepto?

Cecilio Andrade

Psicología, la mente, el software de una masa gelatinosa de apenas 1.5 kg de media humana; esa desconocida a pesar de trabajar con y para nosotros, mejor o peor, cada segundo de nuestra vida. Alguien dirá que en realidad la mente es el “yo”, siendo el resto del cuerpo un mero transporte, simple receptor de servicios de apoyo logístico. Piensen lo que piensen necesitamos esa mente funcionando con efectividad y eficacia, algo que el mundo real no siempre favorece. No entraré en el tán tópico comentario aquel de “es que la época actual…”, todas las épocas de la humanidad, desde el primer homínido hasta hoy, han tenido sus pros y sus contras, no nos engañemos ni busquemos escusas baratas y trilladas.
Regresando a mi mundo, violento y armado, de profesionales y ciudadanos armados con el deseo y la intención de frenar a los “malos”, tambien armados pero que usan su capacidad letal para dominar, robar, abusar y destruir, lo que la gente honesta construye con laboriosidad, sacrificio y esfuerzos. ¿Mi mundo? ¿El suyo? ¿El nuestro? Ya me estoy dispersando de nuevo, la edad, perdonen.
Mi tan repetido Musashi nos dió muchas pautas, tácticas, mentales y cotidianas, a seguir, “Lo que es esencial es hacer repentinamente un movimiento totalmente inesperado para el adversario, aprovecharos de la ventaja del temor causado y alcanzar la victoria en ese mismo instante y lugar”. Y funciona pero siempre y cuando “Cuando estáis combatiendo contra los enemigos, si tenéis la sensación de estar estancados y de no hacer ningún progreso, abandonad vuestro estado de ánimo y pensad en vuestro corazón que estáis empezando algo nuevo”. ¿Que creen que significa eso de “pensar con el corazón”? El corazón no piensa, es un simple músculo de bombeo, ni más ni menos. Pero Miyamoto dono vuelve a aconsejarnos “En el combate individual, muéstrate primero relajado, y después entra de repente a la carga con fuerza; cuando la mente del contrincante cambie de táctica, es esencial que sigas atentamente lo que hace, no dándole respiro un solo momento, percibiendo la ventaja del momento y juzgando exactamente entonces como ganar”.
Proteger y servir es una vocación, no lo olviden, aun sin ser un profesional armado, “Para el médico, curar es una forma de vida; un poeta enseña el arte de la poesía. (...) Las personas practican las vías a las que se sienten inclinadas y desarrollan sus preferencias individuales”.
Para terminar la entradilla y dar comienzo al texto permitanme añadir algo más cercano, al menos literariamente hablando, “El propio gobernador del Cantón de Uri situó una manzana sobre la cabeza del joven Tell y midió treinta pasos con grandes zancadas. Un gran silencio inundó a todos los presentes. Guillermo Tell cerró sus ojos en un momento de reflexión. Después, pausadamente, situó una flecha en el canal de su ballesta, la aferró contra su hombro y disparó. El dardo cruzó el aire con un silbido y se clavó en el abeto con un golpe seco, tras partir en dos limpiamente la manzana”. No creo que el señor Friedrich Schiller fuera psicólogo, pero quizás mi amigo Fernando debiera opinar.




Existe la idea general muy extendida, me refiero a aquella en la que un tirador, tanto en competición como en una operación armada, se encuentra sometido a una serie de situaciones que producen un enorme nivel de tensión. Y seguro que todos están de acuerdo en esa premisa, siempre y cuando no profundicemos en ello. Analicemos con calma… ¿el estrés es el mismo? El estrés de perder segundos y puntos, quedando en una posición del ranking inferior al deseado, comparado con el estrés de arriesgar vidas, propias y ajenas… ¿es el mismo?
Habiendo estado en ambas situaciones debo decir que no, ni de lejos se parece, al menos hasta donde personalmente tengo experiencia, así como en llos análisis de compañeros y conocidos respecto a sus propias experiencias y sensaciones. En unos casos la tensión se producirá como consecuencia de la propia competición, en otros, el riesgo que entrañan de por sí las acciones en las que puede verse implicado, o la trascendencia que puede tener un fallo, producen sobre el operador un efecto importante, haciendo que este trabaje bajo unas condiciones físicas y emocionales que debe ser capaz de controlar.
Reconozco que en ambos casos, a pesar de las diferencias sustanciales, y obvias, entre ambas situaciones, el agente se halla empeñado en una lucha consigo mismo para vencer la tensión. Un adecuado entrenamiento, así como el conocimiento de los factores que pueden influir en su estado físico y psíquico, junto con el empleo de técnicas adecuadas de autocontrol, pueden contribuir a una mayor eficacia en sus actuaciones. Pero con matices y adaptaciones a conceptos y situaciones concretas y, por definición, tan distintas interiormente.
Antes de entrar detalles y procesos, necesito tengan en cuenta una cuestión sumamente importante, por favor, todo lo que comento lo hago a modo de pautas generales. Cada ser en cada situación posible es un universo en si mismo, generar reglas fijas e inamovibles, en oposición a unas flexibles y adaptativas, es una mala práctica muy extendida, eso último si lo reconozco por desgracia.
La extensión y universalización de unas reglas erradas no las hace más correctas, en todos caso las hace generadoras de errores desgraciados mayores, amparados en unas supuestas reglas firmes, fijas y, para muchos, amparadores de cualquier excusa posible.
Dicho esto, reconozco que poco diplomático y politicamente incorrecto, pasemos al trabajo real.

Estrés.
La psicología, como ciencia del comportamiento, puede servir de ayuda tanto a los operadores tácticos como a sus instructores, mediante el análisis de las situaciones y la detección de variables implicadas en el aprendizaje de las técnicas y en la ejecución de las mismas. Por otra parte, puede proporcionar recursos para el control de los aspectos fisiológicos y emocionales presentes en las diversas situaciones como resultado de las mismas reacciones psicológicas.
Extenderse en este campo daría lugar a un libro, o a muchos de los que mentes infinitamente más preclaras y sabias han publicado, por lo cual me permitirán concentrarme de manera muy somera en un solo aspecto, el que más nos afecta en una acción táctica, el estrés.
Hoy por hoy el término estrés está tan popularizado que todos lo utilizamos aplicado a diferentes situaciones como sinónimo de ansiedad, agobio, angustia, tensión, etc. La mayoría de las personas están de acuerdo en considerar los siguientes episodios como situaciones típicas de estrés: «tengo un examen dentro de dos días y… ¡no sé si me dará tiempo a prepararlo!»; «el ascensor se ha parado entre dos plantas…¡estoy atrapado!»; «he de llegar a una cita importante y… ¡estoy en medio de un atasco!»..., pero este acuerdo general sobre lo que es el estrés no suele llegar mucho más lejos.
Muchas de las situaciones en las que puede verse envuelto un operador en el curso de acciones de alto riesgo pueden considerarse altamente estresantes, dandonos puntos para elaborar una lista interminable. No creo que nos sea de utilidad reseñar aquí las múltiples definiciones que del término estrés circulan por los diversos ámbitos profesionales y académicos, de modo que intentaré limitarme a dar una definición lo más operativa posible dentro del contexto que nos ocupa.
Se considera que una persona está bajo estrés cuando ha de hacer frente a demandas conductuales que le resulta difícil, si no imposible, llevar a cabo o satisfacer. Estas demandas exigen o provocan un incremento importante de la energía fisiológica del organismo, un rápido procesamiento de la información disponible, no siempre eficazmente, con frecuencia consistente en estímulos poco usuales o complejos, y la búsqueda o puesta en marcha de conductas que permitan satisfacer dichas demandas, también aqui no siempre con la efectividad deseada, para alcanzar un nivel de tranquilidad determinado.
Así pues, las características básicas de las situaciones de estrés son:
- Exigencia excepcional al organismo.
- Falta de información sobre la situación.
- Activación fisiológica importante.

En resumen, lo que caracteriza a una situación de estrés es el desequilibrio entre las demandas que la situación impone al individuo y los recursos cognitivos, fisiológicos y motores de que dispone para hacerle frente con eficacia. En suma, el organismo se encuentra desbordado por la situación.
Las situaciones que generalmente pueden desencadenar estrés reúnen todos o algunos de los siguientes componentes:
- Incertidumbre sobre la forma en que puede evolucionar la situación.
- Cambio repentino de las circunstancias.
- Sobrecarga de los canales de procesamiento de información, que no pueden integrar y manejar toda la información que llega.
- Falta de recursos (habilidades, conocimientos, vigor físico) para hacer frente a la situación y manejarla.

Ante estas situaciones generadoras de estrés las personas suelen responder de una forma bastante similar y, por ello mismo, analizable:
- Generando un incremento importante de su nivel de activación fisiológica que produce, entre otros efectos:
o Un aumento de la sensibilidad de los sentidos, que les permite identificar estímulos o señales más débiles para obtener la mayor cantidad de información posible.
o Un incremento en la actividad del sistema cardiovascular y endocrino.
o Un aumento del tono muscular, de la respiración y una disminución de la sensibilidad al dolor, preparando al organismo para una reacción de emergencia.
- Incrementando el nivel de activación cognitiva, de forma que se permita un procesamiento más rápido y preciso de la información recogida. Este aumento en la capacidad cognitiva del sujeto tiene un límite, de forma que, cuanto mayor sea la cantidad de información que tiene que manejar el sujeto más fácilmente será que se sature y se produzca un bloqueo.
- Produciendo un incremento del vigor y rapidez con la que se emiten las respuestas motoras, permitiendo que estas sean más eficaces para resolver la situación. En este punto es especialmente relevante la disponibilidad de conductas aprendidas con gran fuerza de hábito, ya que, en caso de disponer de ellas, el incremento de activación facilitará su puesta en marcha (Teoría del Impulso). En el caso contrario, cuando la situación sobrepasa un cierto punto, pueden desencadenarse conductas desorganizadas, repetitivas y/o estereotipadas.

Hasta aquí la explicación quizás más técnica y científica en referencia al estrés. Veamos ahora esa misma reacción de una forma más directa, lo que ocurre sobre nosotros mismos en una situación de este tipo.

Fases generales del estrés.
El entrenamiento operativo busca afrontar situaciones de crisis, por lo cual no debe ceñirse únicamente a las técnicas y métodos de trabajo basados en el esfuerzo físico. El aprendizaje de técnicas de trabajo psicológico dotará de recursos para afrontar reacciones de miedo, estrés y pánico.
Hans Seyle utilizó el término estrés para definir “un conjunto coordinado de reacciones fisiológicas ante cualquier forma de estímulo nocivo, incluidas las amenazas psicológicas”.
El estudio y conocimiento de las transformaciones que se producen en el organismo durante una respuesta de estrés, descritas con el nombre de «Síndrome General de Adaptación», nos permite reconocer las variaciones de nuestro organismo y nuestra mente.
Se distinguen tres fases claramente diferenciadas:
- Fase de Alarma
- Fase de Resistencia
- Fase de Agotamiento

Fase de Alarma.
La Fase de Alarma se subdivide, a su vez, en otras dos subfases, Shock y Contrashock.
Durante la Subfase de Shock se producen cambios en el estado de conciencia del individuo, sentimientos de confusión, incertidumbre e incapacidad para tomar decisiones. Se observa parálisis y cambios de la expresión facial. Por último, internamente ocurren cambios fisiológicos nerviosos y hormonales, aumenta el ritmo cardíaco y se produce distensión muscular.
En la Subfase de Contrashock un individuo sano, tras la primera sensación, destinada a provocar un estado de máxima alerta ante la situación sorpresiva, el organismo reacciona con una urgente activación fisiológica que facilita recursos excepcionales en las mejores condiciones, reaccionando por tanto en sentido opuesto: el pulso se acelera, el corazón bombea a ritmo frenético, aumenta la frecuencia respiratoria, todo ello encaminado a enviar más oxígeno al cerebro, los órganos y músculos, preparándose para una posible entrada en acción.

Fase de Resistencia.
Si la alarma continúa el organismo no puede mantener indefinidamente el ritmo antes descrito. En esta fase el organismo trabaja con recursos superiores a lo habitual, pero de menor intensidad.

Fase de Agotamiento.
Los recursos del organismo se han “gastado”, o “invertido” si todo sale exitosamente, de forma progresiva, incluso repentina, llegando a ser inferiores a los valores normales, produciendo la típica reacción de piernas flojas y temblores tras la acción. Este agotamiento puede afectar a todo el organismo o a un sistema u órgano específico, pero no es irrecuperable, salvo en casos extremos.

Entrenando con/el estrés.
Consideremos el siguiente concepto general básico, el entrenamiento efectivo debe incluir ejercicios que reproduzcan, de la forma más fiel posible, situaciones de riesgo, o simplemente de estrés, obligando a trabajar bajo presión psicológica.
A modo de ejemplo simplemente, podemos realizar un ejercicio de tiro del tipo “tiro practico policial”, pero en el cual el ejecutante debe localizar las piezas, la munición, un objeto determinado, o todo ello simultáneamente, antes de comenzar el ejercicio de tiro propiamente dicho. Si además le provocamos mayor agobio con comentarios jocosos, retirándole piezas del arma mientras la monta, o cartuchos mientras los introduce en el cargador, su nivel de estrés puede ser bastante alto. Obviamente ni de lejos es como si le dispararan pero, psicológica y fisiológicamente, se aproxima bastante. Se puede considerar como estrés adversivo o, más coloquialmente, “avergonzativo”.
Todos los seres humanos tenemos un miedo innato, siendo el enfrentamiento con un agresor armado una de esas situaciones que no podemos calibrar hasta que sucede de verdad, pero cuando llegamos a esta situación es demasiado tarde para corregir algo que resulta ser defectuoso.
Ninguna simulación, por muy real que sea, podrá preparar, con un 100% de efectividad, a nadie para enfrentarse por primera vez a un agresor armado dispuesto a matar. Pero sí podemos, y debemos, acercarnos todo lo posible a ello, siempre se reaccionará mejor que sin entrenamiento alguno.
Unan a todo esto una mentalización adecuada y positiva, una respuesta agresiva e inmediata, con un deseo solido unido a la capacidad de superación y supervivencia innato en todo ser vivo. Es más que probable que finalmente salgan victoriosos de casi cualquier situación.

El individuo.
He intentado transmitir en líneas generales las características de una reacción de estrés. Como he expuesto a lo largo de este texto, son los recursos de los que dispone el individuo los elementos clave para manejar una situación potencialmente estresante. En función de los recursos disponibles percibiremos una situación como estresante o simplemente “emocionante”.
Un individuo bien instruido puede desenvolverse en situaciones de riesgo con un alto grado de control, mientras que un novato puede percibir la misma situación como insuperable, sintiéndose completamente desbordado por ella.
Nuestros recursos dependen de la disponibilidad de respuestas adecuadas a las diversas situaciones, desarrolladas a lo largo de un proceso de aprendizaje y de la habituación progresiva a la actuación bajo condiciones estresantes, fruto del adiestramiento y concienciación permanente.
No existen recetas mágicas, sin un mínimo conocimiento de base de los principios en los que se fundamentan las técnicas psicológicas, estas son de muy poca utilidad. La validez de la aplicación de estas técnicas es algo muy personal para cada individuo y depende mucho del trabajo interno y externo de cada uno consigo mismo.
Después de todo lo anterior queda claro que el miedo natural y sano que sentimos ante una acción armada hostil puede ser controlado y encauzado correctamente.
Resumiendo, y a modo de corolario, ello se consigue principalmente por medio de los cinco puntos que ya hemos estudiado:
- Entrenamiento. Clave principal de toda supervivencia.
- Experiencia. Toda primera vez es siempre la más dura, luego se hace más fácil; cuantas más exposiciones a situaciones de riesgo, más pre-condicionados estaremos. Pero cuidado, el estrés consume energias, físicas, mentales y emocionales. Energías que no son inagotables y por tanto podemos llegar a un punto que “quiebre” por mejor entrenamiento y conciencia que se posea. Hay que aprender a reconocer las cercanías de ese punto de quiebre, tanto en uno mismo como en otros.
- Confianza. El exceso de confianza mata, ya lo dice el refrán «la confianza mató al gato». A menudo, los demasiado confiados son también los que menos entrenamiento poseen, ya que no lo creyeron necesario. En este punto los ejercicios prácticos de “fuerza contra fuerza” ayudan a generar mucha confianza real y efectiva.
- Control situacional. A mayor control del entorno, menos temor sentiremos.
- Control del miedo. Admitir que tenemos miedo. Evitar insistir en el pensamiento de fracaso. Controlar cuerpo y mente. Concentrarnos en terminar el trabajo y reforzar la capacidad de enfrentarse a lo esperado y a lo inesperado. Convertir miedo e ira en motivaciones. Y aceptar un elemento de suerte en cada posible situación. El miedo, despues de todo, es la respuesta de defensa del organismo, debemos saber sacarle todo el provecho posible.

Retornando a la entradilla para terminar.
Terminé la entradilla haciendo una referencia a una situación de leyenda. Ahora podría plantearles una pregunta desde un punto de vista reflexivo ¿qué se le pasaría por la cabeza a Guillermo Tell, en el instante antes de disparar un virote sobre la cabeza de su hijo? ¿Cómo pudo controlarse? La respuesta a esta pregunta no viene reflejada en la leyenda.
Puede parecernos imposible, pero nunca lo es. La mente puede con cualquier cosa. Con lo cual, solo se obtiene una conclusión, a saber:
“El que crea que puede hacerlo, lo hará. El que crea que no puede, no lo hará”.
O, más moderno y de moda, recordando al Maestro Yoda “¡No! No lo intentes. Hazlo o no lo hagas. Pero no lo intentes”. En combate no hay intentos, ni segundas oportunidades, esas quedan para los entrenamientos. En combate hay o no hay … y no hay más.
Cuidense y cuiden de los suyos.

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"Ve a decirles a los espartanos,
extranjero que pasas por aqui,
que, obedientes a sus leyes,
aqui yacemos."
                                   Simonides.

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